¿Llevas tiempo con muchas molestias digestivas? ¿Has acudido al médico varias veces, y no sabes qué te pasa?

Gastritis, helicobacter pílori, colon irritable, celiaquía, intolerancia a la lactosa… ¿Has oído hablar de muchas cosas, pero al final te descartan todas?

 

¿Qué es la malabsorción o intolerancia a la fructosa?

El azúcar se descompone en distintas moléculas, que son transportadas por la pared del intestino delgado a través de unos sistemas de transporte llamados GLUT. El GLUT5 concretamente es el responsable de transportar la fructosa a través de la pared del intestino hacia el torrente sanguíneo. Cuando este transportador es defectuoso (temporal o permanentemente) hablamos de malabsorción o intolerancia de la fructosa (ojo con no confundir con la intolerancia hereditaria a la fructosa, ya que es una enfermedad mucho más grave que se detecta desde los primeros años de vida).

Por lo tanto, la fructosa no es absorbida y se queda en el intestino, pasando al colon y siendo metabolizada por bacterias que causan hinchazón y flatulencias, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal, náuseas, vómitos, cefaleas, cansancio, depresión, etc.

 

¿Cómo se diagnostica la malabsorción a la fructosa?

El test de hidrógeno espirado es la prueba diagnóstica más utilizada, aunque muchas veces podemos diagnosticarla simplemente con la historia clínica.

 

¿Qué puedo hacer si he sido diagnosticado de malabsorción a la fructosa?

Debes ponerte en manos de un nutricionista o digestivo que te ayude a establecer una dieta individualizada para ti, ya que cada persona tiene un nivel de tolerancia a la fructosa y debemos en primer lugar “limpiar” un poco el metabolismo para eliminar la superpoblación de bacterias que posiblemente tengamos, realizando una dieta más estricta durante 4-6 semanas y después encontrar poco a poco el nivel en el que nuestro cuerpo puede asumir la ingesta. La dieta debe ajustarse siempre a cada paciente con el objetivo de mejorar al máximo la sintomatología reduciendo lo mínimo posible la ingesta de alimentos para no causar carencias nutricionales.

Es importante saber que el sorbitol interfiere en la absorción de la fructosa por lo que además de reducir la ingesta de fructosa hasta los niveles que nuestro cuerpo pueda asumirla, debemos controlar también el consumo de sorbitol e intentar no ingerirlos juntos.

Las frutas que mayor intolerancia producen son: manzana, frutas pasas, pera, ciruela, cereza, melocotón, higos, dátiles y albaricoque. Se debe reducir el consumo de mermeladas y la carne de membrillo. Chocolates, bollería, zumos comerciales, medicamentos en jarabes y chicles o gominolas “sin azúcar” suelen también tener elevadas concentraciones de fructosa y/o sorbitol, así como los refrescos. Se recomienda igualmente evitar todos aquellos alimentos que en el etiquetado incluyan el E-420 (sorbitol).

En la tabla siguiente se muestra el contenido de fructosa de distintos alimentos (gr fructosa/100 gr de parte comestible). Se puede estimar que una pieza de fruta pesa unos 100g, una de tamaño mediano 200g y una de tamaño grande 250-300g y que en cada comida se pueden llegar a tolerar 15 gr de fructosa y 2 gr de sorbitol.

Fuente: www.aegastro.es

 

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